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15 de marzo de 2015

La Herencia de los sueños.


    Estamos enganchadisimos a las aventuras sexuales de Mar y Franc. La Herencia de los sueños, su adictiva lectura nos ha provocado nuevas inquietudes y curiosidades por experimentar.
     No está en nuestra naturaleza sexual el someternos o dominar plenamente sobre el otro, por eso recurrimos los juegos de roles, adquiriendo el papel de am@ o sumis@ según se acuerde, ya que no siempre nos apetece hacer el mismo papel. 

   En ocasiones soy yo la que prefiere dominar la situación, que me complazca a mi parecer, maniatarlo, darle unos suaves cachetes, o leves latigazos en su durito culo... me encanta cuando se le sonrojan las nalgas y se gira para mirarme desafiantemte...
    -no no... chico malo, a mi no me mires así...

    Me excita más cuando da muestras de rebeldía aún sabiendo que en esos momentos soy yo la que domina la situación, la que manda. Y que debe obedecer sin rechistar.
    Lamerle el cuello, darle mordiscos, mientras permanece atado. Pegarle agarrones en su paquete, notando el crecimiento de su polla con cada achuchon hasta tenerla en su máximo esplendor. Ese momento me encanta, torturarlo placenteramente, con suaves y delicadas caricias, elegantes y viciosos lametones, durante un largo rato... hasta que suplique con espasmos de excitación que la engulla. Pero no, como ya he dicho, mando yo. Parar, para volver a azotarle el trasero, y propiznarle algún pellizco que otro, eso si, siempre todo con mucho cariño, jajaja... 
 
   Mi objetivo es asalvajarlo, agudizar sus instintos, mientras permanece preso y esclavo de mi vicio, hacerlo enloquecer, que saque ese animal sexual pidiendo la libertad para devorar a la persona que lo retiene y "tortura". Eso si, sabe que sigo siendo su dueña, y que si quiere seguir gozando de esa "libertad" deberá obedecer, sino volverá a ser castigado. Y para que no se le olvide, le pongo el collar, que me siga de cerca. 

    -Siéntate aquí!- me gusta deciro con tono imperativo.
    -Si Sra.- debe ser su respuesta, sumisa y decidida, sin levantar demasiado la mirada.

   Esa mesita donde acostumbro a sentarlo tiene la medida perfecta.

    -Sácate la polla. Como se te ocurra metérmela sufrirás las consecuencias. 
    -Eso no pasara mi Señora.

   Me coloco de espaldas a él, yo ya me he despojado de mi tanga. Su miembro esta bien erecto. Empiezo a bajar hasta que noto su glande toca mis labios. Apoyada con las manos sobre sus rodillas, y rozando la punta de su polla. Unos movimientos pélvicos, delante y atrás, recorriendo de norte a sur mi sonrisa sexual. Estando segura que se moría de ganas de penetrarme, yo también lo deseo, pero me gusta ponerme en plan juguetona, me gusta mucho poner a prueba su sumisión. Pero es obediente y suele aguantar bien. Llegado el momento empiezo a levantarme, lentamente, el sigue mi movimieto, alzando la cadera, despegando su culo de la mesa, con la intención de no perder el contacto de mi coño. Ese es el momento en el que me gusta ponerlo a prueba. Me detengo y empiezo a bajar de nuevo, esperando su reacción, sabe lo que pasa si se mete dentro de mi. Pero su reacción suele ser la correcta, acompañando mi movimiento de descanso hasta que su culo vuelve a entrar en contacto con la mesa. Momento en el que me avisa. 

    -Mi Señora! Si sigue bajando... 
    -Callate!!- le dije a la vez que me detenia. 

   Me detengo durante unos segundos, manteniendo el contacto sexo con sexo, manteniendo el suspense sexual. Me siento muy excitada, cachonda, muy perra, mojadisima, más bien chorreaba. 

    Mi flujo ya embadurna su miembro. Las palpitaciones de su miembro me encienden más aún, ya al 300%, supongo que él también enloquece con las palpitaciones de mi sexo. Ambos pedimos a gritos, gritos mudos, que la penetración sea inminente. El cuerpo me pede una fuerte penetración, y como era yo la que tengo la sartén por el mango así hago... casi que me dejo caer sobre el. Una penetración intensa, ambos gemimos al unísono. Con todo el miembro metido dentro de mi empieza mi baile de caderas, adelante y atrás, también hacia los lados. Ya no puedo parar, me levanto y vuelvo a bajar, sus sensuales movimientos acompañan los míos. 
   El ritmo aumenta, el desenfreno se apodera de nosotros, a la vez que su polla me recorre por dentro, mi manos juegan con mi clítoris, y a la vez con sus testículos, que no andaban muy lejos.

    Ese es el momento de quitarle las esposas... y también es el momento de dejarlo aquí, y volver a recomendaros "La herencia de los sueños"

#BesosConLenguaS