Hay una escena que se repite más veces de las que imagináis.
Estamos paseando por cualquier sitio. Puede ser una terraza, un paseo marítimo, un mercadillo o la piscina de un hotel. De repente, uno de los dos mira discretamente hacia una pareja y, casi sin mover los labios, dice:
—No sé... pero esa pareja me transmite algo.
La respuesta suele ser inmediata.
—A mí también.
Y aquí es donde empieza el malentendido. No, no estamos diciendo que sean swingers. Ni muchísimo menos. De hecho, si algo hemos aprendido con los años es a no poner etiquetas a las personas. Nunca damos por hecho que una pareja sea del ambiente, por muchas sensaciones que nos transmita. Sería tremendamente injusto... y seguramente nos equivocaríamos muchas más veces de las que acertaríamos.
Entonces... ¿qué demonios vemos?
La respuesta es bastante más sencilla. No vemos swingers. Vemos personas. Personas que parecen cómodas siendo ellas mismas. Parejas que transmiten confianza, que se relacionan con naturalidad, que no viven una conversación con otra persona como una amenaza y que parecen disfrutar viendo al otro disfrutar.
Hay pequeños detalles que llaman la atención. Una mirada cómplice. Una sonrisa cuando uno de los dos está hablando con alguien del sexo contrario. Esa ausencia de tensión que, por desgracia, no siempre es tan habitual como debería.
Y, curiosamente, son esas cosas las que despiertan nuestra curiosidad. No porque pensemos que practiquen intercambio. Sino porque nos apetecería compartir una cerveza con ellos.
Con los años hemos descubierto que nuestro supuesto "radar swinger" nunca ha buscado swingers. Siempre ha buscado buena gente. Y, curiosamente, muchas veces ambas cosas coinciden.
Cuando preparamos un viaje nos gusta curiosear. Miramos qué ambiente hay por la zona, si existe algún club, alguna fiesta o algún evento. No porque necesitemos llenar las vacaciones de sexo. Si algo hemos aprendido es que las mejores experiencias nunca aparecen cuando intentas forzarlas.
Nos gusta porque sabemos que esos lugares suelen reunir a personas que entienden la libertad, el respeto y la forma de relacionarse de una manera muy parecida a la nuestra.
Y eso, para nosotros, ya merece la pena. Si conocemos a alguien interesante, maravilloso. Si no conocemos a nadie, también. Porque nunca viajamos con el objetivo de "cazar" encuentros. Viajamos con ganas de descubrir lugares... y, si la vida quiere, también personas.
Si nos preguntaran qué recordamos de todos estos años dentro del ambiente, probablemente mucha gente esperaría una lista de encuentros inolvidables.
Y se sorprendería bastante. Porque nosotros recordamos personas. Recordamos abrazos. Recordamos carcajadas. Recordamos aquel vermut que se alargó toda la tarde, aquella cena improvisada, aquel paseo sin rumbo o aquella despedida en un aparcamiento que duró más de una hora porque nadie quería ser el primero en arrancar el coche. Los polvos pasan. Las personas se quedan.
A veces observamos a una pareja y pensamos que desprende exactamente esa complicidad que tanto nos gusta. Esa sensación de libertad tranquila, de confianza absoluta, de dos personas que parecen disfrutar viéndose felices el uno al otro. Y sonreímos. No porque pensemos que sean swingers. Sino porque, quizá, les esté ocurriendo lo mismo que nos ocurrió a nosotros hace muchos años.
Porque hubo un tiempo en el que nosotros tampoco sabíamos que existía una palabra para definir cómo entendíamos nuestra relación. No éramos "una pareja swinger". Éramos una pareja que hablaba de todo. Que compartía fantasías sin miedo. Que entendía que la confianza pesaba mucho más que los celos. Que disfrutaba viendo feliz al otro. El ambiente llegó después. Mucho después.
Por eso, cuando alguien nos pregunta si existe el famoso radar swinger, siempre respondemos que no. No creemos que exista un radar capaz de descubrir quién practica intercambio y quién no.
Lo que sí creemos es que, con los años, uno desarrolla una sensibilidad especial para detectar personas auténticas. Personas que viven con naturalidad, que respetan, que no juzgan y que desprenden esa tranquilidad que tanto valoramos.
Algunas serán swingers. Otras no.
Y, al final, creemos que ese siempre fue el verdadero radar.
💜 #BesosConLengua




No hay comentarios:
Publicar un comentario