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¿Existe el radar swinger?

 

Hay una escena que se repite más veces de las que imagináis.

Estamos paseando por cualquier sitio. Puede ser una terraza, un paseo marítimo, un mercadillo o la piscina de un hotel. De repente, uno de los dos mira discretamente hacia una pareja y, casi sin mover los labios, dice:

—No sé... pero esa pareja me transmite algo.

La respuesta suele ser inmediata.

—A mí también.


Y aquí es donde empieza el malentendido. No, no estamos diciendo que sean swingers. Ni muchísimo menos. De hecho, si algo hemos aprendido con los años es a no poner etiquetas a las personas. Nunca damos por hecho que una pareja sea del ambiente, por muchas sensaciones que nos transmita. Sería tremendamente injusto... y seguramente nos equivocaríamos muchas más veces de las que acertaríamos.

Entonces... ¿qué demonios vemos?

La respuesta es bastante más sencilla. No vemos swingers. Vemos personas. Personas que parecen cómodas siendo ellas mismas. Parejas que transmiten confianza, que se relacionan con naturalidad, que no viven una conversación con otra persona como una amenaza y que parecen disfrutar viendo al otro disfrutar.

Hay pequeños detalles que llaman la atención. Una mirada cómplice. Una sonrisa cuando uno de los dos está hablando con alguien del sexo contrario. Esa ausencia de tensión que, por desgracia, no siempre es tan habitual como debería.

Y, curiosamente, son esas cosas las que despiertan nuestra curiosidad. No porque pensemos que practiquen intercambio. Sino porque nos apetecería compartir una cerveza con ellos.

Con los años hemos descubierto que nuestro supuesto "radar swinger" nunca ha buscado swingers. Siempre ha buscado buena gente. Y, curiosamente, muchas veces ambas cosas coinciden.

Cuando preparamos un viaje nos gusta curiosear. Miramos qué ambiente hay por la zona, si existe algún club, alguna fiesta o algún evento. No porque necesitemos llenar las vacaciones de sexo. Si algo hemos aprendido es que las mejores experiencias nunca aparecen cuando intentas forzarlas.

Nos gusta porque sabemos que esos lugares suelen reunir a personas que entienden la libertad, el respeto y la forma de relacionarse de una manera muy parecida a la nuestra.

Y eso, para nosotros, ya merece la pena. Si conocemos a alguien interesante, maravilloso. Si no conocemos a nadie, también. Porque nunca viajamos con el objetivo de "cazar" encuentros. Viajamos con ganas de descubrir lugares... y, si la vida quiere, también personas.

Quizá por eso nunca nos ha importado especialmente si una noche termina en una cama o termina alrededor de una mesa, con una copa en la mano y una conversación que se alarga hasta que el camarero empieza a recoger las sillas.

Si nos preguntaran qué recordamos de todos estos años dentro del ambiente, probablemente mucha gente esperaría una lista de encuentros inolvidables.

Y se sorprendería bastante. Porque nosotros recordamos personas. Recordamos abrazos. Recordamos carcajadas. Recordamos aquel vermut que se alargó toda la tarde, aquella cena improvisada, aquel paseo sin rumbo o aquella despedida en un aparcamiento que duró más de una hora porque nadie quería ser el primero en arrancar el coche. Los polvos pasan. Las personas se quedan.

A veces observamos a una pareja y pensamos que desprende exactamente esa complicidad que tanto nos gusta. Esa sensación de libertad tranquila, de confianza absoluta, de dos personas que parecen disfrutar viéndose felices el uno al otro. Y sonreímos. No porque pensemos que sean swingers. Sino porque, quizá, les esté ocurriendo lo mismo que nos ocurrió a nosotros hace muchos años.

Porque hubo un tiempo en el que nosotros tampoco sabíamos que existía una palabra para definir cómo entendíamos nuestra relación. No éramos "una pareja swinger". Éramos una pareja que hablaba de todo. Que compartía fantasías sin miedo. Que entendía que la confianza pesaba mucho más que los celos. Que disfrutaba viendo feliz al otro. El ambiente llegó después. Mucho después.

Por eso, cuando alguien nos pregunta si existe el famoso radar swinger, siempre respondemos que no. No creemos que exista un radar capaz de descubrir quién practica intercambio y quién no.

Lo que sí creemos es que, con los años, uno desarrolla una sensibilidad especial para detectar personas auténticas. Personas que viven con naturalidad, que respetan, que no juzgan y que desprenden esa tranquilidad que tanto valoramos.

Algunas serán swingers. Otras no.

Y, sinceramente... Eso hace tiempo que dejó de ser lo importante. Porque el mayor regalo que nos ha hecho este estilo de vida no ha sido enseñarnos a reconocer swingers. Ha sido enseñarnos a reconocer personas con las que merece la pena compartir un pedacito de vida. 

Y, al final, creemos que ese siempre fue el verdadero radar.


💜 #BesosConLengua

La 2a quedada de OCD Dreamers


La 2a quedada de OCD Dreamers: 50 loquitos vibradores y un mando que no paraba quieto


Aquel sábado, en un restaurante normalito de polígono, celebramos la segunda quedada del grupo OCD Dreamers. Y madre mía… fue una puta pasada.


Llegamos con los Capuchinos y fuera ya había gente, de los cuales no conocíamos a nadie en persona, pero nos lanzamos a presentarnos con todos. Había más gente dentro, algunos ya conocidos y, al entrar, Mamita nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja y un achuchón de esos made in Mamita que te dejan el corazón calentito. Después seguimos saludando y presentándonos con todxs. Qué bonita forma de empezar.


Éramos cerca de 50 Dreamers todos igual de importantes. No faltaron algunas de las personas más activas del grupo, y por supuesto nuestra querida Stefy, que encanto de mujer, puro amor, "la gran jefa del Telegram", "la directora de comunicación del grupo". Sin su gestión impecable, nada de esto habría sido posible. Gracias, reina.


Había caras ya conocidas y muchas otras que por fin pudimos desvirtualizar a los perfiles del grupo. Y como nos gustan esos momento, joder. De repente los “hola” virtuales se convierten en abrazos, risas y miradas cómplices que valen oro.


Y sí… ya nos habían avisado por el grupo: algunas llevábamos un huevo vibrador puesto y los mandos a distancia preparados. Lo que nadie esperaba es que todas las juguetitos iban con la misma frecuencia. Cada vez que alguien pulsaba un botón, se activaban todos a la vez. Los saltitos de placer colectivos fueron un espectáculo.


Yo me lo puse directamente en la calle, delante de todos, cuando vi que las demás ya lo llevaban. Nos sentamos frente a los Capuchinos, la noche fue super divertida, nos reímos mucho, con el caso "cubitera para el vino", entre muchas otras.. Y no contenta con eso, en un momentazo épico y sin pensarlo, me saqué las tetas delante de uno de los chicos del grupo para pegarle el cambiazo de nuestro bol de aceitunas vacío por el suyo lleno… sin darme ni cuenta del espectáculo que estaba montando. ¡Legendario!


Luego, mientras intentaba llevar los cafés como buenamente podía, unos cuantos malintencionados (con mucho cariño) no paraban de darle al mando. Ese trayecto de la barra a la mesa se me hizo eterno… o demasiado corto, según se mire. Todavía nos reímos recordándolo.


Después de cenar, fuera fumando, todavía hubo más cine: se nos cayó un mando al suelo y fue a parar justo al lado de unos chavales jóvenes. Rápidamente gritamos “¡el mando del parking!” mientras nos descojonábamos. Uno de los nuestros lo recogió, pulsó el botón “sin querer”… y las que estábamos fuera dimos el saltito correspondiente. Las caras de los chicos fueron antológicas: “Sí sí… mando del parking, claro…”.


Estamos relatando nuestra experiencia, pero seguro que hubo mil anécdotas más aquella tarde-noche. Eran dos mesas enormes y era imposible estar atentos a todo.

Los que no vinisteis podéis preguntar… pero nada es comparable a vivirlo en primera persona.


Momentos como estos son los que hacen que la quedada sea inolvidable. Lo mejor de todo es lo que viene después: cuando vuelves al plano virtual y te das cuenta de cómo ha subido el nivel de confianza con la gente. Ya no son solo nicks… son personas con las que has compartido risas (y alguna descarga eléctrica). Esa conexión cara a cara lo cambia todo.


Gracias a todos los que vinisteis. La tercera quedada se prevé para el 18 de julio, aunque todavía está por confirmar. Será íntegra en OCD, con cenita integrada y seguro que va a ser todavía más salvaje y completa.


Repetiremos siempre que podamos, ¡sin dudarlo!


Y si estuviste en la 2a quedada y tienes alguna anécdota que no hemos contado (o que quieras compartir para que nos riamos otra vez), ¡deja tu historia en los comentarios! Queremos leer todas las pillerias que nos perdimos. 😉


Y si todavía no estás en el grupo OCD Dreamers… ¿a qué esperas? 💖

Las 10 frases que has dicho en un local swinger... aunque jures que no.

 Las 10 frases que
nunca faltan en un local swinger

Si llevas tiempo en el ambiente swinger, estamos convencidos de una cosa. NHas dicho varias de estas frases. Y si no las has dicho tú... las has escuchado tantas veces que ya forman parte de la banda sonora de cualquier sábado.


Algunas son tan universales que deberían venir impresas en la entrada del club. O en una camiseta. O tatuadas. Así que hemos decidido hacer un ejercicio muy poco científico y muy gamberro.


Hemos recopilado las diez frases más repetidas del ambiente swinger.

Si al terminar el artículo no te sientes identificado con al menos cinco...

...es que todavía eres nuevo.


O mientes peor que nosotros cuando decimos:


"Solo hemos venido a tomar una copa." 😏


 



1. «Solo hemos venido a tomar una copa.»



La reina absoluta.


La frase más repetida de la historia del ambiente swinger.

Se pronuncia al cruzar la puerta, todavía con el abrigo puesto y completamente convencidos de que esa noche será tranquila. El plan parece perfecto: una copa, un par de saludos, alguna conversación agradable y para casa, que mañana hay cosas que hacer.

Dos horas después ya has saludado a media sala, has conocido a una pareja encantadora, alguien os ha hablado de una fiesta el mes que viene, otro os ha invitado a una barbacoa y todavía lleváis la misma copa en la mano.

Lo mejor es que la próxima vez volverás a decir exactamente la misma frase.

Y volverás a creértela.



2. «Solo íbamos a saludar.»


Otra mentira... pero de las bonitas.


Entras convencido de que será un visto y no visto. Dos besos por aquí, un abrazo por allá y en veinte minutos estáis de vuelta en el coche.


Claro.


Porque después aparece esa pareja con la que hace meses que no coincidís, alguien os presenta a unos amigos, os liáis hablando de viajes, de restaurantes, de vacaciones y, sin saber muy bien cómo, acabáis con tres contactos nuevos, un grupo de Telegram más y un plan pendiente para la semana siguiente.


Todo eso... habiendo ido solo a saludar.


3. «Hoy venimos de tranquis.»


Lo mejor de esta frase es que casi siempre se dice con total sinceridad.


Ese día de verdad pensáis que toca una noche relajada. Charlar, reír, desconectar y volver pronto.


Pero el ambiente tiene esa curiosa habilidad para desmontar cualquier planificación. Basta una conversación divertida, una química inesperada o unas risas compartidas para que ese "de tranquis" empiece a desinflarse poco a poco.


Se parece bastante a comprar una tableta de chocolate diciendo que va a durar toda la semana.


La intención existe.


La realidad... ya es otra cosa.


4. «Ya os dejamos...»


No.


No os vais.


Ni ellos quieren que os vayáis.


Ni vosotros tenéis demasiadas ganas de marcharos.


Es simplemente el protocolo no escrito que marca el inicio de otra media hora de conversación en la puerta, con las llaves del coche ya en la mano y la firme convicción de que, esta vez sí, esa será la despedida definitiva.


Salir de un club swinger se parece mucho a salir de casa de tu madre.


Te despides cuatro veces antes de conseguir cruzar la puerta.


5. «Entramos un ratito...»


Las dos palabras más peligrosas del ambiente.


Porque ese "ratito" empieza siendo una horita para desconectar, tomar algo y saludar a los amigos.


Después miras el reloj.


Son las cuatro de la mañana.


Y sí...


Efectivamente ya es mañana.


6. «Cinco minutos y nos vamos.»


La despedida más larga de la historia.


Te levantas decidido, das un abrazo, aparece una pareja que hacía meses que no veías, alguien pregunta qué tal las vacaciones, otro propone una última copa y, cuando vuelves a mirar el reloj, han pasado cuarenta y cinco minutos.


Lo curioso es que nadie parece tener prisa.


Y, siendo sinceros...


Tampoco vosotros.



7. «¿Dónde he dejado los zapatos?»


Hay fenómenos que la ciencia todavía no ha conseguido explicar.


Uno de ellos es la misteriosa desaparición del calzado dentro de un club swinger.


Los dejas perfectamente colocados y, unas horas después, parece que hayan decidido independizarse. Empiezas a recorrer medio club con una mezcla de dignidad y resignación mientras alguien te dice, entre risas: "¿Qué buscas?"


Los zapatos siempre aparecen.


La dignidad...


...esa ya depende de cómo haya ido la noche.


8. «No solemos hacer esto...»


Probablemente una de las frases más malinterpretadas del ambiente.


Muchos sonríen al escucharla, convencidos de que forma parte del guion.


Y, sin embargo, muchas veces es completamente cierta.


Porque no existen dos noches iguales ni dos conexiones idénticas. Hay personas que inspiran confianza desde el primer minuto y otras con las que, simplemente, no surge.


El swinger tiene muy pocas reglas universales.


Y muchísimas excepciones maravillosas.


9. «¿Habéis llegado bien?»


Han pasado veinte minutos desde que os despedisteis.


Da igual.


Ese WhatsApp acaba llegando casi siempre.


Es una costumbre sencilla que dice mucho de cómo entendemos este ambiente. Porque detrás del deseo, del juego y de las risas también hay personas que se preocupan unas por otras.


Y muchas veces ese mensaje termina convirtiéndose en una conversación que dura todo el domingo.


10. «A ver si nos vemos un día fuera de aquí y nos ponemos al día.»


Y aquí es donde muchos prejuicios se vienen abajo.


Porque quien nunca ha pisado un club swinger suele pensar que todo empieza y termina entre esas cuatro paredes.


Nosotros sabemos que no.


Sabemos que muchas veces lo mejor de la noche termina siendo una paella, una barbacoa, unas cañas o un café semanas después.


Algunas de las amistades más bonitas que tenemos empezaron exactamente con esta frase. Y cuando llega esa quedada pendiente descubres algo maravilloso.

Que, curiosamente...

..se habla muchísimo menos de sexo de lo que cualquiera imaginaría.


Estamos convencidos de que nos hemos dejado alguna. De hecho... queríamos hacerlo. Porque ahora os toca a vosotros. 

Queremos encontrar la frase número 11.


Esa que siempre escucháis. Esa que siempre acabáis diciendo. O esa que, con solo leerla, os ha hecho pensar:


"¡Joder... es verdad!" 😂


Dejadla en los comentarios. Prometemos leerlas todas. 


Y si conseguís hacernos reír... ...igual acabamos escribiendo una segunda parte. Porque, seamos sinceros, material no nos falta. 😈


#BesosConLengua

El mayor regalo que nos ha dado el ambiente


 Si hace quince años nos hubieran preguntado qué esperábamos encontrar al entrar en el ambiente swinger, probablemente habríamos hablado de morbo, de fantasías, de experiencias nuevas o de una forma diferente de vivir nuestra sexualidad.

Y sí, todo eso llegó.

Pero si hoy nos hicieran la misma pregunta, la respuesta sería muy distinta. Porque, con el paso del tiempo, nos hemos dado cuenta de que el mayor regalo que nos ha dado el ambiente nunca ha estado entre cuatro paredes.

Han sido las personas.

Cuando empiezas, es fácil pensar que esto será una experiencia esporádica. Un capricho. Algo que harás de vez en cuando para romper la rutina y volver después a tu vida de siempre. Y seguramente habrá parejas para las que sea exactamente así.

Sin embargo, durante estos quince años hemos visto cómo muchas personas descubren algo que jamás esperaban encontrar. No porque el sexo acabe absorbiendo sus vidas, sino porque descubren una forma diferente de relacionarse con los demás.

Empiezas conociendo parejas.

Después empiezas a hacer amigos.

Y un día te das cuenta de que muchas de las personas con las que más disfrutas compartiendo una comida, una copa, una escapada o una conversación pertenecen a ese mismo ambiente que un día solo era una curiosidad para vosotros.


Sin buscarlo, deja de ser un plan. Empieza a formar parte de vuestra vida. No porque todo gire alrededor del sexo.

Precisamente porque deja de hacerlo.

Hay algo que nos sigue sorprendiendo después de tantos años. La facilidad con la que, en ocasiones, se crean vínculos muy profundos.

No con todo el mundo, por supuesto.

Pero cuando aparece esa conexión, da la sensación de que el tiempo deja de ser la medida más importante.

Hemos compartido un festival BDSM entero, durmiendo en tienda de campaña con una pareja a la que apenas hacía unos meses que conocíamos. Y en ningún momento sentimos la más mínima preocupación. Había tanta comunicación, tanto entendimiento y tanta confianza, que aquello nos parecía la cosa más natural del mundo.

También hemos abierto las puertas de nuestra casa a personas que conocíamos desde hacía relativamente poco tiempo.

Y no, no era porque hubiéramos compartido una cama.

Era porque habíamos compartido conversaciones, risas, confidencias, respeto y una forma muy parecida de entender las relaciones.

Al final descubrimos que abrir una casa dice mucho más que abrir una cama.



En estos quince años hemos conocido a muchísimas personas. Algunas han permanecido siempre cerca. Otras desaparecieron durante un tiempo porque la vida les llevó por otros caminos. Embarazos, cambios de ciudad, nuevas prioridades... La vida sigue existiendo dentro y fuera del ambiente.

También hemos visto parejas romperse.

Y aquí descubrimos otra de esas cosas que nadie nos había contado.


A veces la pareja desaparece. Pero la persona permanece. Porque la conexión nunca dependió únicamente de que fueran una pareja swinger. Dependía de quiénes eran. Y, curiosamente, esas personas, con el tiempo, nos han presentado a sus nuevas parejas. Como si la amistad hubiera sobrevivido a una etapa más de sus vidas.

También nos ha ocurrido lo contrario.

Singles con los que existía una conexión increíble, incluso una bonita amistad. Personas con las que compartimos grandes momentos y que, años después, encontraron pareja y comenzaron una nueva etapa. Y, sin embargo, aquella química ya no apareció de la misma manera.

¿Es extraño?

En absoluto.

También ocurre fuera del ambiente. Porque la conexión no entiende de etiquetas. Entiende de personas.


Cuando miramos atrás, curiosamente, los recuerdos que más nos emocionan no son necesariamente los más picantes. Son otros. 

Son aquella pareja a la que nuestra hija terminó llamando, con toda la naturalidad del mundo, "els tiets de Tarragona", porque dejaron de ser "esa pareja que conocimos en una fiesta" para convertirse en personas importantes en nuestras vidas.


Es recordar un fin de semana en Salou en el que unos amigos recorrieron cientos de kilómetros solo para darnos una sorpresa. Vinieron, cenamos juntos, salimos a tomar unas copas, nos reímos hasta las tantas, apenas durmieron unas horas... y al amanecer volvieron a coger el coche para regresar a casa. No hicieron ese viaje por sexo. Lo hicieron simplemente porque les apetecía compartir unas horas con nosotros.

Es pensar en personas con las que hemos compartido un festival BDSM, una tienda de campaña, una casa, un sofá o una conversación hasta las tantas, con la misma tranquilidad con la que otros quedan con amigos de toda la vida.


Y entonces entendemos que el verdadero regalo nunca fue el lugar donde nos conocimos. Fue habernos conocido.


Hay un piropo que nos emociona especialmente. Mucho más que cualquier comentario sobre nuestro físico.Es cuando alguien nos dice: "Nos gusta vuestra energía."

Quizá porque, casi siempre, esas palabras vienen de personas que nos transmiten exactamente lo mismo. Y creemos que ahí está la explicación de todo. No hemos conectado con tantas personas porque fueran swingers. Hemos conectado con personas cuya forma de entender la libertad, el respeto, la comunicación y la vida se parecía mucho a la nuestra.


Hace muy poco, una amiga de pelo rizado —de esas personas que aparecen en tu vida y tienes la sensación de que siempre debieron estar ahí— nos regaló una frase que se nos quedó grabada desde el mismo instante en que la pronunció:

«"Personitas bonitas, que lleguen para sumar, que se queden para siempre."»

Sonreímos. Porque nos dimos cuenta de que, sin saberlo, eso era exactamente lo que llevábamos quince años buscando.

No personas perfectas.


No personas iguales a nosotros.

No personas con las que compartir una cama.

Personas que sumaran. 

Algunas permanecen durante toda una vida. Otras solo durante una etapa. Pero todas dejan algo de ellas en nosotros.

Dicen que las experiencias nos convierten en quienes somos. Quizá tengan razón. Pero hoy creemos que son las personas que encontramos durante esas experiencias las que realmente nos transforman.

Entramos en el ambiente buscando vivir algo diferente. Y, sin darnos cuenta, terminamos ampliando nuestra vida. Porque las fiestas terminan. Los clubes cambian. Las etapas pasan.

Pero las personas que dejan huella... esas siempre encuentran la manera de quedarse.

Y quizá ese sea el mayor regalo que nos ha dado este estilo de vida. No las experiencias que vivimos. Sino las personas con las que tuvimos la suerte de vivirlas.



500k Gracias

No porque quisiéramos enseñar a nadie cómo hacer las cosas. No porque pensáramos que teníamos respuestas. Ni porque aspiráramos a convertirnos en referentes de nada. Hay números que son fríos. Y luego están...

...los que te hacen detenerte unos segundos delante de una pantalla para pensar: «¿De verdad hemos llegado hasta aquí?».

Eso fue exactamente lo que nos pasó hace unos días.

Entramos en el blog como hacemos de vez en cuando, miramos las estadísticas sin demasiadas expectativas y allí estaba el número:

500.000 visitas.

Medio millón.

Y durante unos segundos nos quedamos mirando la pantalla.

No porque sea una cifra espectacular comparada con los grandes medios o los creadores de contenido que mueven millones de visitas. Nada de eso. Nos quedamos mirándola porque nos hizo viajar atrás en el tiempo. Hasta aquellos primeros días de 2009. Cuando decidimos abrir un blog sin tener muy claro qué iba a pasar.

Por aquel entonces encontrar información sobre el mundo swinger no era tan sencillo como ahora. Había foros, rumores, opiniones y muchos prejuicios. Muchísimos.

Y fue precisamente ahí donde nació #DupSW.

Simplemente queríamos compartir nuestra experiencia. Contar lo que vivíamos. Lo bueno y lo malo. Los aciertos y las meteduras de pata.Las ilusiones, las dudas y los aprendizajes.

Queríamos escribir el blog que a nosotros nos habría gustado encontrar cuando empezamos.

Un lugar donde alguien pudiera leer una experiencia real y sacar sus propias conclusiones. Sin adornos. Sin vender fantasías. Sin intentar convencer a nadie de nada.

Solo compartiendo nuestra manera de vivir este estilo de vida.

Con el paso de los dias llegaron innumerables redes sociales. Llegaron Instagram, Telegram, los eventos, los grupos, las colaboraciones y mil cosas más que fueron ocupando espacio en nuestro día a día. Y muchas veces el blog quedó en un segundo plano. No porque dejara de importarnos. Todo lo contrario. Quizá precisamente porque siempre lo hemos considerado algo especial.

El blog nunca ha sido una obligación. Ha sido nuestro rincón.Nuestra memoria. El lugar al que volvemos cuando queremos contar algo de verdad.

Donde las historias tienen espacio para respirar. Donde una reflexión puede ocupar varias páginas sin pedir perdón por ello.

Por eso estas 500.000 visitas nos emocionan tanto.

Porque no son simples clics. Son personas. Personas que llegaron buscando información. Personas que necesitaban respuestas. Personas que querían entender mejor este mundo. Personas que compartían nuestras inquietudes.

Y personas que, simplemente, sintieron curiosidad y decidieron quedarse un rato.

Si algo nos hace especialmente felices es pensar que, de alguna manera, hemos contribuido a desmontar algunos de esos mitos que encontramos cuando empezamos. Que hemos ayudado a mostrar que detrás de las etiquetas hay personas normales. Que este mundo no va de excesos ni de películas imposibles. Que, al menos para nosotros, siempre ha ido de comunicación, confianza, respeto, complicidad y libertad.

Y que todo eso lo hemos contado sin pretender ser maestros de nadie. Solo siendo nosotros mismos.

Así que hoy queríamos detenernos un momento. Mirar atrás. Sonreír. 

Y daros las gracias.

Porque medio millón de visitas después seguimos sintiendo exactamente lo mismo que cuando escribimos aquella primera entrada. La ilusión de compartir.

Y las ganas de seguir escribiendo las páginas que todavía quedan por delante.

Gracias por acompañarnos en este viaje.

Nos vemos en la próxima historia.


Un Viaje de Placer con Bijoux Indiscrets

Hay colaboraciones que nos hacen sonreír desde el minuto cero, y la de Bijoux Indiscrets es una de ellas. Esta marca barcelonesa lleva años creando pequeños tesoros que mezclan elegancia, erotismo y mucho juego, y nosotros hemos tenido la suerte de recibir un pack que es como una caja mágica llena de travesuras.

No es la primera vez que nuestros caminos se cruzan: hace unos diez años ya jugamos con la colección Maze, aquella línea atrevida de arneses que nos abrió un mundo de posibilidades. Hoy, una década después, volvemos a reencontrarnos con ellos, y la magia sigue intacta.


La Seducción Empieza con la Piel

Lo primero que hicimos fue jugar con los clásicos que nunca fallan: las Flash Heart Black, Flash Star Black y Flash Cross Black, pezoneras autoadhesivas que convierten cualquier desnudo en un espectáculo. Nos encanta cómo un simple gesto puede transformar el cuerpo en un lienzo lleno de brillo y picardía.

A ese juego se sumaron las Burlesque Pasties Classic, con ese aire retro que nos invita a bailar, reír y provocarnos frente al espejo.

Y para quienes saben que el erotismo también se viste, llegaron las joyas de la colección Magnifique: la waist chain dorada y la feet chain que acaricia los tobillos. Pequeños detalles que convierten la piel en joyería viva.

El broche final lo pone el Maze Halter Bra Harness Black, un arnés elegante que juega entre lo atrevido y lo sofisticado. Una pieza que nos recordó por qué nos enamoramos de esta colección hace tantos años.



🌹 El Ambiente: Aromas, Caricias y Magia

El deseo también se enciende con los sentidos. Por eso, la Aphrodisia Body Mist nos conquistó nada más pulverizarla: un aroma envolvente, sensual, que nos prepara para lo que viene después.

La Aphrodisia Scented Massage Candle es un ritual en sí misma: encenderla, ver cómo la cera se transforma en un aceite tibio, y dejar que resbale por la piel. Una experiencia que mezcla calma y excitación a partes iguales.

Y, claro, no podía faltar el Aphrodisia Orgasm Enhancer Balm, ese pequeño secreto que convierte una caricia en un estallido de placer.


🔥 El Juego se Vuelve Intenso

Entre todos los productos, el Slow Sex Anal Play Gel nos abrió nuevas puertas de juego (literalmente 😏). Suavidad, desliz, confianza… perfecto para explorar sin prisas y con todo el sabor de una experiencia compartida.

Y para cerrar este viaje, el Clitoral Arousal Serum – Sex au Naturel: delicado, natural y tremendamente excitante. Un recordatorio de que la intensidad también puede ser elegante.


💜 Gracias, Bijoux Indiscrets

No podemos cerrar sin darles las gracias. Porque no es solo lo que crean, sino cómo lo hacen: con gusto, con cariño por los detalles y con una visión que conecta con nuestro estilo de vida openmind.

Con este pack, nos hemos sentido como niños con juguetes nuevos… aunque, en nuestro caso, los juguetes vienen con gemidos, sudor y muchas sonrisas traviesas.

👉 ¿Queréis saber más sobre esta marca que nos tiene enamorados desde hace años? Echad un vistazo a su universo en bijouxindiscrets.com. Y si os atrevéis, probad alguno de estos productos y contadnos cuál ha sido vuestro favorito.

Porque si algo tenemos claro es que… el placer siempre se disfruta más cuando se comparte.

¿Qué fue de las fiestas de la lencería?

Hace unos días acabamos metidos en una de esas conversaciones que empiezan hablando de cualquier cosa y terminan llevándote muchos años atrás. No recordamos exactamente cómo salió el tema, pero de repente nos encontramos recordando aquellas fiestas de la lencería que se organizaban en algunos clubs cuando empezamos a descubrir este mundo.

Y nos dimos cuenta de algo curioso.

Seguimos recordándolas.

No porque fueran las fiestas más multitudinarias, ni las más salvajes, ni las más espectaculares del calendario. Las recordamos porque tenían una personalidad propia y porque conseguían que la diversión empezara mucho antes de llegar al club. La preparación formaba parte de la experiencia. Había que decidir qué ponerse, buscar el conjunto perfecto o aprovechar la ocasión para estrenar algo nuevo. Y, cómo no, aparecían las conversaciones de siempre: quién se atrevería a desfilar, quién aseguraba que no pensaba hacerlo y quién acabaría sorprendiéndonos a todos unas horas después.

Aquellas noches tenían algo especial. La lencería conseguía transformar el ambiente sin necesidad de cambiar nada más. Todo parecía un poco más elegante, más atrevido y más juguetón. Había una energía distinta, una complicidad difícil de explicar y ese punto de morbo que hacía que la fiesta empezara mucho antes de cruzar la puerta del local.

Pero lo que más nos gustaba no era la lencería.

Ni siquiera los desfiles.

Lo que realmente recordamos es cómo todo encajaba. Los clubes organizaban la fiesta, los negocios del sector colaboraban aportando ideas, regalos o visibilidad, y los asistentes respondían participando, desfilando y creando recuerdos. Tiendas de lencería, sexshops, marcas de cosmética y pequeños comercios especializados formaban parte de aquella experiencia y después aparecían en los carteles, en los anuncios o en la promoción de la fiesta. Sin embargo, nunca daba la sensación de estar viendo publicidad. Más bien parecía que todo el mundo estaba colaborando para construir algo especial.

Mirándolo con perspectiva, quizás eso sea precisamente lo que más echamos de menos. La sensación de comunidad. La sensación de que clubes, negocios y asistentes remaban en la misma dirección para crear una noche diferente, donde todos ganaban y todos disfrutaban.

Todo convergía de una forma muy natural, muy sincera y, por qué no decirlo, deliciosamente morbosa.

Nos encantaba ver cómo personas que habían pasado completamente desapercibidas durante toda la noche se transformaban cuando llegaba el momento del desfile. De repente aparecía una seguridad que nadie esperaba, una sonrisa cómplice, una mirada desafiante o simplemente las ganas de pasarlo bien. Y lo mejor de todo es que nunca parecía importar quién llevaba el conjunto más caro, quién tenía el mejor cuerpo o quién llamaba más la atención.

Lo divertido era participar.

Atreverse.

Jugar.

Y disfrutar del momento.

Porque, al final, aquellas fiestas no iban de lencería.

La lencería era solo la excusa.

La verdadera protagonista era la actitud.

Quizás por eso seguimos hablando de ellas tantos años después. Porque, siendo sinceros, no echamos de menos una fiesta. Echamos de menos una sensación. La sensación de prepararla durante días, de comentar con amigos qué conjunto llevar, de preguntarse quién se atrevería a desfilar o de llegar al club y notar que aquella noche tenía algo diferente.

Y tal vez sea precisamente eso lo que nos ha llevado a hablar tanto de ellas durante los últimos meses. A recordar anécdotas, a preguntarnos por qué dejaron de hacerse con tanta frecuencia y a plantearnos una pregunta que, cuanto más tiempo pasa, más difícil resulta ignorar.

¿Y si organizáramos una nosotros?

La verdad es que la idea nos hizo reír al principio. Mucho. Porque una cosa es asistir a fiestas y otra muy distinta organizarlas. Una cosa es comentar desde la barra cómo haríamos esto o aquello, y otra descubrir todo lo que hay detrás para conseguir que una noche salga bien.

Pero la pregunta siguió apareciendo una y otra vez. Surgía durante una cena con amigos, mientras comentábamos alguna anécdota del ambiente, reaparecía durante un viaje o terminaba colándose en cualquier conversación en la que alguien mencionaba aquellas fiestas que tanto recordábamos. Poco a poco dejó de parecer una locura y empezó a sonar como una posibilidad real.

La realidad es que nunca hemos organizado una fiesta, ni un evento, ni siquiera una simple quedada. Y precisamente por eso todo esto nos resulta tan emocionante. Porque hay proyectos que nacen de un plan perfectamente calculado y otros que nacen de una conversación, una copa compartida y una idea que se niega a desaparecer.

De momento seguimos dándole vueltas.

Sin prisas.

Disfrutando del camino.

Y dejándonos llevar por una idea que nos hace muchísima ilusión.

Ya veremos dónde nos lleva.

Aunque tenemos la sospecha de que puede acabar siendo muy divertido.


📸 Una KDD donde la cámara capta más que imágenes

 Llevamos tiempo dándole vueltas a una idea traviesa… ¿y si nos juntamos unas cuantas parejas openmind para jugar con las cámaras?


No hablamos de posar sin ropa —a menos que la ocasión lo pida— sino de disfrutar, reír y dejar que la química haga su parte.

La fotografía tiene ese poder: un clic puede capturar una mirada cómplice, un gesto que dice “me encantas”, o ese instante donde la tensión flota en el aire.
Y si encima lo compartes con gente que vibra en tu misma frecuencia, la experiencia se vuelve casi mágica.

Además, este tipo de encuentros son una forma fantástica de romper el hielo.
Entre risas, disparos de cámara y algún comentario pícaro, desaparecen las formalidades y surge algo mucho más natural.
De repente ya no hay nervios, sólo complicidad. Y lo que empieza como una simple sesión de fotos… puede terminar con ganas de repetir, de hablar más, de conectar más. 😉

Queremos montar una quedada sensual, divertida y muy nuestra.
Sin pretensiones, sin filtros (bueno, quizá alguno de Instagram 😜), pero con muchas ganas de conectar.
Un espacio donde las parejas y personas con mente abierta puedan explorar su lado creativo, su picardía… y, por qué no, su deseo de mostrarse auténticos.

📍 Lugar y fecha: por concretar según los interesados.
📸 Requisitos: mente abierta, ganas de pasarlo bien y alguna cámara o móvil con curiosidad artística.

¿Te imaginas esa tarde entre risas, flashes, alguna copa y miradas que se quedan un poco más de la cuenta?
Nosotros sí.
Y creemos que podría ser el inicio de algo muy bonito… o muy travieso. 😏✨

Si te vibra la idea, escríbenos o únete a nuestro grupos en Telegram.
Queremos saber cuántos locos con cámara hay ahí fuera dispuestos a vivirlo.

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Halloween en OCD: la trilogía del deseo, el miedo y la provocación

Hay noches que se viven. 

Y otras que se filman con la piel.

Este Halloween, el escenario es OCD, y lo que está por suceder no es una fiesta… es una trilogía de placer y oscuridad.
Dos noches y una tarde que cuentan una historia: la del deseo disfrazado, el miedo excitante y la nostalgia que solo deja el buen pecado.

Porque si las películas tienen su “peliculón”, su secuela y su cierre memorable…
aquí, cada acto tiene su propio sabor.
Y tú decides hasta dónde mirar… o participar.

SEXYWEEN – Atrévete a provocar… si puedes!

Viernes 31/10 – 22:00 a 05:00

Como toda gran saga, la historia empieza con un estallido.
Luces, piel y misterio.
Los cuerpos se cruzan en la penumbra como personajes que no necesitan guion.
El aire huele a deseo y a lencería recién estrenada.

Las máscaras apenas cubren, los disfraces no engañan: todos sabemos a qué hemos venido.
El concurso de disfraces no es una competición, es una provocación.
Vampiros, demonios, ángeles caídos… todos buscando su papel en la primera gran escena.

La música vibra, los labios se rozan, las risas se confunden con jadeos.
Y ahí, entre la niebla y las luces, se enciende la chispa que dará vida a todo lo que viene después.

Porque toda trilogía necesita un gran inicio… y este promete quedarse grabado en la memoria (y en la piel).


EL BANQUETE DE LOS CONDENADOS – El festín ha comenzado… y tú eres el plato principal

Sábado 01/11 – 22:00 a 06:00

Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas.
Pero esta… va a devorar la primera.

El sábado la oscuridad se vuelve protagonista.
El ambiente huele a deseo antiguo, a rituales y tentaciones.
Los susurros se vuelven órdenes, y el placer se mezcla con el miedo.

El Túnel del Terror abre sus puertas, y esta vez no somos simples espectadores:
formamos parte de la historia.
Seremos los que guíen, tienten y asusten a quienes se atrevan a cruzarlo.
Dentro no hay reglas, solo pulsaciones.
Cada paso puede ser un susto… o una invitación.

A la salida, la música ruge y el DJ —cómplice o demonio— eleva el ritmo hasta el delirio.
Los cuerpos se funden.
Los disfraces se deshacen.
Y el Banquete de los Condenados se convierte en un ritual carnal del que nadie sale ileso.

Aquí la oscuridad no asusta, excita. Y los condenados… disfrutan cada minuto de su castigo.


TERRORFLIX – Un maratón de miedo, placer, sangre y palomitas!

Domingo 02/11 – 17:00 a 23:00

Toda trilogía necesita su epílogo.
Ese momento en el que los protagonistas, exhaustos, miran atrás y sonríen.
En OCD, la tercera "entrega" es nuestro guiño final: Terrorflix, la sesión donde el deseo se ríe del miedo.

La luz se atenúa, suena el eco del proyector y el olor a pizza y palomitas se mezcla con el perfume de la piel.
Las miradas ya no buscan conquistar… sino recordar.
Recordar los disfraces de la primera noche.
Recordar los gritos (y gemidos) del túnel del terror.
Recordar que el miedo y el placer, a veces, son la misma cosa.

Y entre risas, chupitos y películas míticas, entendemos lo inevitable:
esta historia merece secuela.



Dos noches y una tarde.
Tres actos.
Una trilogía de deseo, provocación y
nostalgia.





Y todxs aquellxs que acudan a la fiesta del viernes, podrán disfrutar de 10€ de descuento en la entrada del sábado!

 NO TE OLVIDES DE PEDIRLO EN LA PUERTA!!!!





Y como toda gran película, lo mejor no es verla… sino vivirla.


Descubre el club y su universo en @ocd_clubbcn y su grupo de Telegram. Pincha aqui!


Halloween en OCD: donde el miedo se mezcla con el placer… y nadie sale igual que entró.


OCD: mucho más que un club, un lugar al que siempre queremos volver

Cuando hablamos de Only Crazy Dreams (OCD) no estamos hablando de un club cualquiera. Para nosotros es uno de esos lugares que te marcan, que se quedan contigo. No solo por sus espacios (que son de los más completos que hemos visto jamás), sino por algo mucho más importante: las personas que hay detrás. 
Desde el primer día, sin conocernos de nada, nos recibieron con los brazos abiertos y esas sonrisas enormes y sinceras que te hacen sentir en casa al instante. Antes de darnos cuenta ya estábamos hablando, riendo y compartiendo con ellos como si nos conociéramos de toda la vida. Eso es OCD: cercanía, calidez y complicidad.


El equipo humano: el alma de OCD


El equipo humano es maravilloso. Son swingers como nosotros y eso se nota: saben perfectamente qué puede preocuparte, qué necesitas y cómo hacer que te sientas cómodo en cada momento.


Hay dos parejas de socios:

– Una, con mucha experiencia en el ambiente, con esa soltura y conocimiento que solo da el tiempo, siempre atenta a todo lo que sucede.

– La otra, con menos recorrido pero creciendo a pasos agigantados, cariñosa y divertida, pendiente de cada detalle.

Y el tercer socio, ese que te encuentras en la taquilla/guardarropía, es puro buen rollo: amable, divertido, siempre con una sonrisa y con ritmo para bailar hasta el amanecer.

A este equipo se suma otra pareja de amigos que se encargan de los contenidos multimedia y de llevar las redes sociales del club. Lo hacen de una forma activa, elegante y totalmente personalizada, con ese toque cercano que refleja la esencia OCD. Además, también están presentes en el club, siempre dispuestos a echar una mano cuando hace falta.

Y no nos olvidamos de ella, la camarera. Además de profesional, simpática y atenta, tiene un look Pin-Up cañero que nos fascina y esa “mano izquierda” para tratar a cada persona según su estado anímico. Detalles que marcan la diferencia y que hacen que OCD sea único.

Un club que lo tiene todo

Para nosotros, es el club más completo que hemos visto jamás. Y algo que valoramos mucho: está fuera de Barcelona, así que quienes no somos de la ciudad nos ahorramos entrar en pleno centro.


Nada más pasar por taquilla/guardarropía, te recibe una barra enorme donde tomar algo y socializar en un ambiente relajado. En la misma planta hay una discoteca grande con pole dance, zona de sofás para charlar y un reservado para algo más íntimo o “VIP”.


Y bajando las escaleras empieza lo más “hot”… 😏


La planta de abajo: un universo para todos los gustos


La zona de taquillas está preparada para que puedas organizarte antes de pasar a jugar: chanclas, toallas, limpieza impecable y, si necesitas algo, solo tienes que pedirlo.


– Salas privadas: cuatro en total. Las dos primeras separadas por barrotes pero con cortina para elegir intimidad o exhibicionismo. Las otras dos, con barrotes y sin cortina, perfectas para los más atrevidos.

– Sala grande: con una cama enorme ideal para interactuar con otras parejas y una camilla para masajes o… lo que surja 😉

– Piscina climatizada: nuestra debilidad. Un espacio zen donde relajarte (o no…) después de la noche.

– Cuarto oscuro: oscuro de verdad, con ese morbo que otros clubs han perdido.

– Habitación del “ginecólogo”: con camilla y sofá, perfecta para fantasías.

– Sala perimetral: cama grande y sofá para los más voyeurs.

– Zona de cine X: camas laterales, una cama central y una pantalla emitiendo películas para inspirar el momento. Y aquí encontramos otro de esos detalles únicos de OCD: una de las paredes está llena de agujeros, lo que viene siendo un glory hole, ya que al otro lado está el acceso para chicos solos. Un plus de morbo que no deja indiferente a nadie.

– La mazmorra: la joya de la corona. De las mejores que hemos visto, ambientada con luces rojas, el sonido de cadenas, cachetes y algún latigazo. No desvelaremos más para que la descubráis por vosotros mismos.


Y para terminar, no podemos olvidar la terraza con sus reservados y camas balinesas. Un rincón perfecto para respirar, conversar o seguir jugando bajo las estrellas.


Un club para cada momento


En OCD hay un espacio para cada estado de ánimo: un día puede ser la intimidad de las privadas, otro la adrenalina de la mazmorra, otro el juego en grupo en la perimetral, la roja o el cine. Pero siempre, siempre, terminamos en esa piscina climatizada, dejándonos llevar…


Casi medio año con Only Crazy Dreams – Crónica de una aventura swinger

Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo cuando lo compartes con gente increíble. Hace menos de un año pusimos un pie por primera vez en Only Crazy Dreams (OCD), y desde entonces, se ha convertido en una segunda casa para nosotros.

Cada fiesta vivida ha sido un universo distinto, un viaje donde no solo nos hemos divertido, sino que también hemos encontrado complicidad, amistad y momentos mágicos que siempre quedarán en nuestra memoria.

Es difícil elegir una favorita… La vuelta al Insti de Vip's estuvo genial. Nos sorprendió la participación de la gente en los juegos de la Welcome to the Summer, la enorme afluencia en el aniversario, casi 400 personas, la escenografía tan cuidada en las fiestas BDSMeras tipo la DarkSide o la Kinkstars, o cómo olvidar, La fiesta de la espuma donde celebramos el cumpleaños de Júlia rodeados de personas maravillosas. El equipo de OCD nos hacen sentir parte de su familia, y eso es algo que llevamos grabado en el corazón.

Porque en OCD no se trata solo de cumplir con un dresscode. Ellos van más allá: cada fiesta es un concepto, una experiencia completa. Les gusta “vestir” el club para cada ocasión, transformando los espacios en escenarios que nos transportan a mundos distintos en cada visita.

Hoy, mirando atrás, podemos decir que este primer año ha sido una aventura excitante, atrevida y, sobre todo, muy humana. Gracias a OCD por abrirnos sus puertas y hacernos sentir tan queridos.




Sus Redes Sociales


Nuestro rincón especial

Para muchos, un club es solo un lugar de juego. Para nosotros, Only Crazy Dreams es un hogar al que siempre queremos volver. Porque aquí encontramos no solo espacios espectaculares, sino también personas que hacen que cada visita sea única.


Gracias, OCD, por existir y por hacernos sentir

 parte de vuestra familia swinger.


— Rubén & Júlia – Macarelleta